viernes 8 de agosto de 2008

Tocar por tocar

Por razones laborales me ha tocado estar en contacto con muchos músicos en los últimos años, y una de las cosas que más me sorprende de ellos es el poco sentido lúdico que demuestran en torno a lo que hacen. Es decir: una entrevista no deja de ser una charla entre melómanos, e irónicamente muy pocas veces me tocó ver en ellos verdadero entusiasmo por la música en sí, más como placer irresistible que como modo de vida o -si se quiere- como cúmulo de parafernalia, como el que puede exhibir cualquiera que la ame desinteresadamente y encuentre un interlocutor válido con quien intercambiar conocimientos (¿el primer requisito para ser músico no es adorar descontroladamente la música? ¿los años en el establishment les amainan esa veta?).
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Así como les cuesta ponerse en posición de fans/ melómanos, también les resulta intolerable la idea de salir de su entorno de comodidad a la hora de tocar, como si el teatrito, el camarín, la falopa, el catering, el séquito de alcahuetes y las pendejas gritando fueran imprescindibles, ignorando ese fuego que, a los 16 años, te lleva a querer tomar una guitarra y cantar 20 horas por día donde sea, delante de quien quiera escuchar (o incluso de quien no quiera escuchar). Por eso me pareció tan sencilla como genial la idea de la gente de Playgrrround: sacar a los artistas de los espacios habituales, reducirlos a su mínima expresión (apenas acústica y voz, o incluso menos que eso a veces) y hacerlos tocar en lugares improbables, como en un bosque bajo la lluvia, o un callejón vienés, o lo que sea.
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Músicos casi desconocidos (como la austríaca Clara Luzia), o apenitas un poco menos anónimos (Scott Matthew, el de la versión de "The boy with the thorn in his side" de más abajo) se sacan chispas en esto de tocar por tocar. Recomendándoles pasear largo rato por los distintos videos, les dejo "Upside down" de Matthew a modo de muestra. ¿Alguno se lo imagina a Emmanuel Horvilleur haciendo esto?