viernes, 29 de febrero de 2008

De nada

Chssst... no lo anden divulgando por ahí, pero en Musimundo están vendiendo The Beatles Box, una hermosa caja con la biografía de cada uno de los Fab Four por separado (en inglés) a... 50 pesos. Yo, desde ayer, la cuento entre mis posesiones materiales más preciadas.
No sé qué hacen sentados ahí todavía, la verdad.

martes, 26 de febrero de 2008

Los muertos lindos de Ed Gein

Edward Theodore Gein no mató a muchísima gente: apenas confesó y se le comprobaron dos homicidios, cifra con la cual en una escuela secundaria de asesinos seriales te señalarían y te dirían “¡ja, puto!”. Lo que lo convirtió en un bicho horrendo es su completa falta de respeto por la muerte: el tipo gustaba de visitar el cementerio por las noches y exhumar cadáveres frescos de señoritas que se parecieran a su madre castradora, para luego usar su piel y algunos de sus órganos en la fabricación de artículos útiles para la decoración del hogar. Guacala.

“Necrofilia”, es la palabra que –con razón– tanto nos asquea. Y conste que jamás tuvo sexo con cadáveres (“olían muy mal”, dijo cuando le preguntaron en el juicio): lo suyo era platónico, o si se quiere pragmático, o más exactamente preciosista. Sólo usaba elementos inútiles (es decir, carne humana pudriéndose bajo tierra) para satisfacer su particular concepto de estética.

Cuando la policía allanó su casa de Plainfield, Wisconsin el 16 de noviembre de 1957, siguiendo una pista por la desaparición de un empleado de tienda, lo primero que vio fue… el cuerpo del tipo que estaban buscando (“que ironía”, diría Skinner). Pero claro, “embellecido” al modo Gein: decapitado, colgando del techo al revés y con el torso completamente destripado.

En un examen más exhaustivo, encontraron –entre otras– las siguientes porquerías:

- Cráneos emplazados en las esquinas de su cama
- Tetas usadas como posavasos
- Más cráneos, empleados como boles soperos (Eduardito se daba maña, no jodamos)
- Un “chaleco mamario” hecho con la piel del torso de una mujer
- Una cortina de labios (no, no es de una letra de Spinetta)
- Un bolso hecho de piel de cristiano
- Un cinturón de pezones (?)
- Medias de carne de chabón (deben ser calentitas en invierno)

Y aparte de todo eso, su “obra maestra”: una especie de vestido hecho con varios cachos de epidermis cosidos, el cual solía usar para parecerse a su mamá. A esta altura ni hace falta decir que cualquier parecido con Norman Bates de Psicosis o Leatherface de La Masacre de Texas es muy, muy a propósito.

El final de la historia es bastante previsible: el jurado dictaminó que estaba completamente del ojete y lo mandó a un loquero, donde murió en 1984 de un paro cardiorrespiratorio. Y hasta hay un pintoresco epílogo: el auto que usaba para llevar las mortadelas del cementerio a su casa fue rematado en 760 dólares y expuesto por su nuevo dueño en una de esos freakshows que tienen los yanquis, a razón de 25 centavos la visita. Baratito.

A ver si queda claro: ni se los cogía ni se los comía. Salvo a dos, ni siquiera los mataba. Simplemente esperaba a que creparan por las suyas y luego los sacaba del cementerio, los despellejaba y los usaba para hacer cositas que a él le parecían bonitas. Re puaj.

Y a todo esto, mientras yo escribo y ustedes leen, un porteño medio sin problema mental aparente deposita treintipico de mangos en la boletería del Abasto para ver Bodies, una exposición para la cual un señor legalmente cuerdo esperó a que un grupo de personas creparan por las suyas y luego los sacó de una morgue, los despellejó (y deformó, y aserró, y plastificó, y…) y los usó para hacer esculturas, o lo que es lo mismo, cositas que a él le parecen bonitas.

¿Es el “artista” un psicópata? ¿Son los visitantes a la muestra perversos como Ed Gein? Supongo que no. Pero a esta hora de la madrugada me está costando bastante encontrar diferencias. ¿Por qué aquellos muertos subjetivamente estetizados son aberrantes y dignos de condena unánime, y estos otros son artísticos y dignos de nuestro dinero? ¿Es la putrefacción la única línea que separa la cordura de la locura y el desagrado de la admiración en este caso?

¿Alguien me ayuda?

miércoles, 20 de febrero de 2008

Busco mi destino


No podría estar más satisfecho con el resultado que obtuve en este test para determinar qué película clásica soy. Prueben y me dicen.

lunes, 18 de febrero de 2008

Música rara que nos gusta grosso


Tema: "I've got some friends"
Disco: Love is simple (2007)
Banda: Akron/ Family
Descripción: un grupo de folk demente que se despacha con un temita de evidente deformidad e influencia zappiana. Ideal para cebarse un mate de LSD y salir a cazar duendes con la escopeta maquilladora de Homero Simpson.
Uy mirá... si te pinta te lo podés bajar de ACA.

jueves, 14 de febrero de 2008

Ringo's Soundtrack

Contenido de mi MP3 en este preciso instante. ¿Algo que decir? ¿Dudas, sugerencias?

miércoles, 13 de febrero de 2008

Reflejos

Como si un ángel libidinoso le hubiera apuntalado el mentón para mostrarle la morocha que acababa de subir al colectivo, Pablo despegó sin querer la vista de Rayuela y se encontró con Belén, tenazmente dedicada a la difícil tarea de embocar monedas de 10 centavos en la ranura de la máquina expendedora. Llevaba casi media hora sumergido en su lectura, razón por la cual creyó durante un segundo que esa criatura que resistía estoicamente los vaivenes del 140 no era real, sino un producto más del palabrerío mágico de Cortazar. Pero no: Belén era de carne y hueso, cosa que efectivamente Pablo pudo comprobar cuando su flamante compañera de viaje se sentó a su lado, muslo contra muslo.

Primero se fijó en el pelo, que le caía, largo y negrísimo, sobre las mejillas. Forzando al máximo su campo visual logró percibir con el rabillo una boca aniñada, replegada pero carnal, de esas que parecen especialmente diseñadas para darle mordisquitos de conejo a unas frutillas con crema. El vestido rojo y blanco y el bolso tejido a mano le daban un aire bohemio y desenvuelto, en flagrante contradicción con la inocencia que transmitían sus rasgos suaves y su menuda anatomía. Era preciosa por los cuatro costados, pero ni al obrero más cebado se le hubiera ocurrido gritarle una grosería.

Unas cuadras más tarde, Belén sacó de su bolso un discman. “Ahora sí: hasta acá llegó”, pensó Pablo, seguro de que algún CD obsceno e inaudible iba herir su sensibilidad de melómano intolerante, volviendo a convertir el colectivo en calabaza como tantas veces antes. Desafiando las leyes de la óptica, fingió leer su libro y a la vez espió el disco que Belén se disponía a poner en su reproductor. Y allí, una Joni Mitchell entre sombras le guiñó un ojo desde la portada de Blue, confirmándole que su acompañante estaba dispuesta a superar, sin ningún esfuerzo, cualquier escollo intelectual que su escepticismo le quisiera poner en el camino.

Pasaron los minutos y Pablo ya ni siquiera se preocupó por aparentar: Rayuela yacía cerrado en su regazo, opacado por bellezas más urgentes. De repente, una fragancia tenue se le acercó y le dio la estocada final: la chica, además, usaba el mismo perfume que una ex bien recordada. Completamente rendido, pero atado de pies y manos a la hora de hacer algo al respecto, Pablo pasó los siguientes tres kilómetros tratando de encontrar un pretexto coherente para dirigirle la palabra. Hasta que Belén no tuvo mejor idea que levantarse del asiento, enfilar hacia la puerta de atrás y, sin más, bajar.

Clavándose alfileres en la mente por la oportunidad desperdiciada, Pablo miró por la ventanilla rogando que un milagro tardío le trajera de vuelta a su enamorada fugaz y unilateral. Sin embargo, sus ojos la encontraron en la vereda, fundida en un abrazo con la suma de todas sus repulsiones: traje negro impecable, cabellos prolijamente desaliñados, dientes fluorescentes, hijo pródigo de Brigitte Bardot y un rugbier australiano.

Decepcionado, despreció a Belén por su superficialidad. “Al final son todas iguales”, pensó, y siguió indignado por el resto de su viaje, hasta que finalmente le tocó el turno de descender por la puerta de atrás. No miró atrás al bajar.

Mientras tanto, no demasiado lejos de ahí, Belén tomaba un capuchino en un bar junto a su hermano, cotorreando sobre cuestiones intrascendentes y, al mismo tiempo, preguntándose una y otra vez si volvería a cruzarse con ese chico lindo y extraño que prefirió leer Rayuela, su libro favorito, a hacer lo que todos los demás hacían: clavarle la vista en el escote.

martes, 12 de febrero de 2008

Demasiado grossos

Mi banda youtubera favorita: Ricchi E Poveri, con su hit "Acapulco". Aguante el metal noruego.

Metal noruego

Tarde de furia en la redacción de SEBUP. Por ningún motivo en especial: solo el inconmensurable amor que sentimos por el metal noruego. De modo que Apocalypse dudes, esa adorable enfermedad firmada por los inefables Turbonegro, musicalizó buena parte de la jornada.

Lo mejor de estos discos es la sensación de omnipotencia que transmiten. Uno los pone en el reproductor de MP3 y se siente parte de la escena de Trainspotting en la que Ewan McGregor huye de la policía. Salir del subte esquivando gente (o sembrando veteranas culoparriba, en el peor de los casos) al ritmo de Turbonegro, Down o los Hellacopters es un placer de esos poquitos que, increíblemente, no tienen efectos colaterales. Esa ficción de poder tumbar a sopapos a Tyson es verdaderamente impagable. Luego el disco termina, arranca uno de -por decir- Elton John y uno vuelve a ser el pusilánime de siempre. Todos putos.

Si alguno tiene ganas, le puede pegar una bajada ACA.