domingo, 2 de noviembre de 2008

S.

Me acuerdo de vos en las situaciones más extrañas. Lo lógico sería que aparecieras después de una película de Hugh Grant, o cuando escucho a Damien Rice, o en todo caso a la noche, tarde, cuando intento dormir y la cama está caliente y pegajosa y no hay whisky que me tumbe. Pero no: soy más bien de ver tu cara en boletos del 17, en pollos calcinados que me miran con lástima desde el fondo del horno o en partidos de fútbol que engancho en televisión donde juegan equipos cuyo nombre ni siquiera puedo pronunciar. Es que nada de lo que nos unió, Silvina, tenía ni pies ni cabeza. Debe ser, entonces, que seguís estando en los lugares más insólitos porque nunca estuviste realmente en ningún lado.

¿Sabés quién me hace acordar a vos? Castillo. Debe ser por esa cosa de tomar y no dormir, o dormir de día y escribir compulsivamente de noche. Lo cual no tiene nada que ver con vos ni remotamente, siempre tan diurna y ordenada, sino más bien con situaciones que solías provocarme sin querer, como un elefante que desparrama porquerías inservibles pero frágiles en un bazar. ¿Solías, dije?

De modo que así están las cosas: vos, en tu cama, durmiendo sin enterarte de nada, y yo en la mía, tratando de curar viejos dolores con pequeños golpes de la punta de mis dedos, friéndome ante un resplandor que a veces sana y a veces hiere, y echando una ocasional mirada al cielo negro desde la ventana, anhelando un poco de lluvia, burlándome intencionadamente de todo lo que tu recuerdo toca, y rogando no encontrarte, al menos una vez, en la luz que a lo lejos brilla y que la madrugada todavía no logra ahogar.

jueves, 23 de octubre de 2008

Que te comas la lata!

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Habrán visto si pasan habitualmente por aquí que esto está un poco occiso. La razón es, primero, que no sólo carezco de tiempo para SEBUP, sino que también estoy demasiado ocupado como para escribir algo y postearlo en Rocanrol Nene. Y segundo, que estoy con proyecto bloggeril nuevo. Paso a contarles.
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Viendo que ambos sentimos la compulsión de recomendarle a nuestros visitantes la música que escuchamos, hemos unido fuerzas con la inefable Araña Pollito para hacer Que Te Comas La Lata!, blog exclusivamente dedicado a promover la escucha de las bandas y solistas que nos vuelan la sesera a uno y al otro.
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Allí, además de poder escuchar temas para tentarse y después descargar, les dejamos una especie de catálogo con los mejores blogs para bajar discos de este planeta, todos ellos habituales proveedores de nuestras colecciones virtuales. Así que si son como Laraña y yo, es decir, melómanos perdidos que no pueden parar de buscar música nueva (y vieja, pero buena), quizás se quieran pegar una vuelta por Que Te Comas La Lata!
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La idea es que no sea una especie de adoctrinamiento unilateral (que tampoco somos tan grossos, demonios), sino que se genere una comunidad, un ida y vuelta de recomendaciones donde todos terminemos cada día con un disquito más para volver escuchando en el MP3 a la vuelta del laburo. O algo así.
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En cuanto a estilos, van a encontrar de todo: desde jazz a metal, pasando por cancioncitas acústicas, rock clásico, cosas experimentales, world music, etc. Por que en la variedad está la diversión.
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Igualmente, que quede claro que RN no muere: voy a seguir subiendo textos míos y demás cuestiones cada tanto, pero las recomendaciones musicales se mudan a Que Te Comas La Lata!
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Nos vemos allí!

martes, 7 de octubre de 2008

De otro tiempo

En algún recoveco de la tarde el reloj clava religiosamente las güampas y las neuronas miran al banco y piden el cambio . Ahí, el rango de opciones se extiende entre vagabundear por la Internet mendigando gracia y rogando que el silencio entre el tic y el tac sea aún más breve de lo que es, o dedicarse a escuchar hermosa música de otros tiempos hecha... en éstos. Inclinándome por la segunda alternativa, les dejo el video de "Baby you're my light" de Richard Hawley, deseándoles que sus horas se conviertan, como las mías al redescubrirlo después de tanto tiempo, en miel que cae, dulce y suave, por la pendiente del día.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Du pays de la pate fois

Que quede claro: je ne suis pas roquefort. Pero igual llevaba ya bastante tiempo intentando cazar a ciegas una buena banda de chanson française con acordeón, y así fue como recalé en Les Ogres de Barback. Cada uno se encargará de investigar la discografía de estos muchachos si está interesado, pero les recomiendo arrancar por el debut Rue du temps y de ahí en más avanzar sin miedo, que nada baja de los ocho puntos.

Para ilustrar, una versión de “Bienvenida a Tijuana” junto a su autor, Manu Chao. Y un tema de Rue du temps llamado “P’tit gars”. Paz, amor y soupe a l'onion para todo el mundo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Antes del fin

Entraron con firmeza pero sin escándalo, marchando sigilosamente por mi departamento hasta alcanzar la habitación, donde yo dormía arrullado por la estática de un ignorado televisor blanco y negro. Sospechaba que tarde o temprano vendrían a buscarme, pero igualmente aquella madrugada de agosto del ’76, obnubilado por el sopor del sueño profundo, me invadió la sorpresa, e inmediatamente después el lógico pánico que acarrea el desconocer el propio destino inmediato. Eran cuatro, todos ellos muy bien vestidos y, a su retorcida manera, bastante amables. Uno oficiaba de cabecilla, cosa que noté cuando le ordenó a los demás que me ataran, me vendaran los ojos y me metieran en el auto. Resistirse era inútil.

“¿Dónde me llevan?”, pregunté, pero nadie contestó. No se llevaban bien con las palabras: solo soltaban groserías y risas sádicas de tanto en tanto. Se conducían con la serenidad de quien se apresta a ejercer la crueldad sin remordimiento. Yo, mientras, temblaba de frío e incertidumbre.

Cuarenta minutos después nos detuvimos. Los dos que me acompañaban en el asiento trasero me arrastraron fuera del coche. Volví a preguntar, ya al borde de la súplica, qué tenían pensado para mi. “Callate y caminá”, gruñó el mandamás, al borde de perder la paciencia. Obedecí.

Ocultos tras las vendas, mis ojos adivinaron una casa oscura. Mis oídos se sobresaltaron ante unos murmullos siniestros que quebraban el silencio casi inmaculado desde una habitación contigua. Mi olfato, agudizado por la merma de mis otros sentidos, percibió un aroma acre, mezcla de sudor, humedad y alcohol. Sin avisarme me empujaron sobre una especie de camilla acolchada y recubierta de un plástico que crujía ante cada estremecimiento de mi cuerpo. Volvieron a atarme, prácticamente desnudo, con las piernas y los brazos en cruz, y me obligaron a beber un líquido espeso, de sabor ácido, que dañó seriamente mis percepciones y me dejó, sin más, entregado a sus designios.

A lo lejos se abrió una puerta. Por un segundo los murmullos se escucharon más próximos, pero a esta altura el estruendo de mi corazón desbocado me impedía concentrarme en cualquier ruido externo. “Quedate quieto, putito”, me dijo el cabecilla, y comenzó a deslizar un cubo de hielo por mis partes más sensitivas. Me habían sujetado tan firmemente que ni siquiera podía evadir esta lenta tortura. Estaba rendido.

De repente, quien daba las órdenes dejó de martirizarme. Lo oí alejarse con pasos graves en dirección a la puerta. Dos de sus cómplices estaban cerca: percibía claramente sus voces profiriendo obscenidades ocasionales por lo bajo. Hasta que el líder, dirigiéndose al restante miembro del grupo que aguardaba sus directivas desde el otro cuarto, disparó con voz firme: “Raúl, ¿llegaron o no llegaron ya las putas, eh?”. Y Raúl contestó que sí, que hacía diez minutos que estaban esperando en el living. Y las putas, efectivamente, entraron en fila india.

El resto de mi despedida de soltero, para mantener el decoro y evitar que mi señora me estrangule, tendrán que imaginarlo.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Top 3 para hacer cochinadas

A cuento de nada, o más bien a cuento de que al fin llegó el viernes, mis tres canciones favoritas a la hora de pegarse un buen revolcón (al menos las que recuerdo hoy: si me olvidé de alguna importante la agrego en comentarios después).




"Foxy Lady" - Jimi Hendrix
Situación: llegando a casa borrachos, sin poder esperar, con la ropa puesta, contra la pared





"Venus in furs" - The Velvet Underground
Situación: con las percepciones alteradas, de madrugada, con luz mortecina




"Closer" - Nine Inch Nails
Situación: en cama revuelta, transpirados, a lo bruto, diciéndose porquerías

martes, 9 de septiembre de 2008

AM (After Metal)

Salieron o se filtraron por estos días unos cuantos discos nuevos de metal y/o hard rock. Primero fue Motorizer de Motörhead. Luego el tema nuevo de AC/DC que pueden escuchar más abajo. Acto seguido, Death magnetic de Metallica (que, dicho sea de paso, me desarmó la capocha) y, por último, All hope is gone de Slipknot. Cuestión que, gracias a esta andanada de ruido loco, hacía tres días que no bajaba un cambio (a la tercera vieja que atropellé en el subte me asumí oficialmente como pasado de rosca). Hasta que hoy me encontré de casualidad con la canadiense Basia Bulat, quien además de hacer un khlav kalash de la San Puta, sacó un disquito hermoso llamado Oh my darling. Guitarras acústicas, mucha melodía, la voz dulce al frente, arpas y cítaras y un toque étnico sutil que te obligan a disfrutar del sol aunque no quieras. Yo, ya saben, recomiendo compulsivamente, y si alguno se prende, mejor. Va una muestra: "La-da-da".

viernes, 5 de septiembre de 2008

Adam Verde

En una de esas decisiones inexplicables de Pop Art, se suma al Pepsi Music Adam Green, un demente que se hizo apenas un poquito menos que desconocido luego de que el tema que grabó con Kimya Dawson "Anyone else but you" estallara en la película Juno. Visto y considerando que lo que hace este muchacho me gusta mucho desde que lo descubrí en 2004 con su genial disco Friends of Mine, y que me gustaría que lo ignoraran y/o apedrearan lo menos posible, intentaré convertirlos a mi religión dejándoles un temita para que escuchen. Se trata de "No legs" y la letra, un auténtico pasaporte el infierno, dice más o menos así:

There's no wrong way to fuck a girl with no legs
just tell her you love her as she's crawlin' away.
there's no wrong way to fuck a bitch with no faith.
Now you'll never be sad again.

Lovin' you are the two best things in a world that's skipping town.
Reaching blind into the deepest mouth in the brownest place around.

There's something amiss in her cum stained lips.
so i get the first kiss before she takes the last bite.
Genital outlaws in a positive way, and in everything bagel too.

Getting strangeld by the junkie priest as the boys get stoned in school.
there's a knock at the door and your parents come in.
They thought you were a different girl.

So if you're alone when you're parents aren't home
and no one can see your incestuous tree.
No need to contain what the sparrows can say.
now you'll never be sad again.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Rock

Gracias Satán, gracias por esta alegría
Si tienen sangre en las venas, les imploro: volumen en 11 y play a "Rock n' roll train", primer corte de Black Ice, disco nuevo de la mejor banda de hard rock de la galaxia.
Demasiado.

domingo, 31 de agosto de 2008

La empanada de albahaca

A Hank Chinaski

Llevábamos siete horas tirados en el sofá mirando Crónica TV. No había nada mejor para hacer.
- Yo ya tengo hambre- dije, retórico.
- Pará, ya termina–gritó Ricardo, respondiendo vaya uno a saber a qué pregunta.
- Llamá.
- ¡Para un minuto! Loco, que hinchapelotas.
Miré la pantalla. Estaban pasando un infomercial de medias de mujer que no se corren, y Ricardo lo miraba y se reía. Podía ser extremadamente estúpido si se lo proponía.
Me levanté del sofá y busqué un imán de una pizzería que solía estar pegado en la lámpara, pero no estaba. Me tiré al piso, corrí la alfombra, levanté el almohadón de mi lado, metí el brazo y después la cabeza abajo del sillón, me di vuelta los bolsillos por las dudas, revolví el pasto de plástico de la maceta artificial que estaba debajo de la lámpara, y nada. Lo dejé.
Al rato lo vi en el lugar menos esperado.
- Ricardo, ¿comiste mierda? Estás chupando el imán de la pizzería...
- Pedí empanadas, pizza comí hoy al mediodía– me dijo, sin mover los ojos de la pantalla, sin pestañear, sin dejar de echarse una risita cada tanto y sin parar de lamer pervertidamente el imán.
A todo esto, un tipo pelado le metía clavos a una media de nylon y se reía, y una morocha veterana, con más cara de aguerrido volante tapón que de conductora de televisión, decía no poder creerlo y se reía todavía más. La cosa es que todo el mundo estaba recontracagado de la risa menos yo. Por un minuto temí que el demente fuera yo, pero no, no era yo.
Con todo, conseguí de algún lado un imán de un local de empanadas.
- ¿Vos de qué querés?
- Pedime dos de jamón y queso y dos de carne picante.
- ¿Nada más?
- No.
- Después me afanás una de las mías y te cago a bollos.
- Chuhuevo un pame.
No le hice caso. Pedí las cuatro empanadas para él, y para mí lo mismo, más una de queso, albahaca y tomate.

Cuarenta y cinco minutos después, el infomercial había llegado a un final feliz y había dado lugar al sorteo de la Nacional. Cada tanto se cruzaban placas rojas anunciando alguna tragedia, pero ninguna hablaba del secuestro y muerte del pibe de las empanadas. En eso sonó el timbre.
- Perdoná la demora, es por el calor.
Le contesté que sí, que que calor hijo de puta, sin terminar de entender la relación entre la temperatura ambiente y el hecho de que nueve empanadas tardaran 45 minutos en recorrer 250 metros en moto. Tenia demasiada hambre para sacarme la duda, así que agarré el paquete y le dejé 50 centavos de propina al pibe, que efectivamente estaba transpirado hasta las pelotas.
Miré la tele. Ricardo había sacado Crónica TV para poner una película de Franco Nero doblada al castellano, una verdadera pendorcha cinematográfica que embelesó a mi compañero hasta convertirlo nuevamente en el cadáver de un hongo cuadripléjico.
Cuando por fin rompió su perpetua inercia, fue a buscar la Coca Cola hasta la cocina y yo aproveché para mandar a Nero a la mierda y poner Crónica otra vez. Cuando volvió no dijo nada. Creo que ni cuenta se dio.
Me clavé las de jamón y queso casi sin masticarlas. Se me complicó después de las de carne picante: fue como sí Charles Manson se hubiera mudado a mi hígado.
En eso, Carozo y Narizota anunciaron una violación seguida de muerte y Ricardo manoteó sutilmente la de queso, albahaca y tomate.
- ¿Dónde vas?
- ¿Qué tiene?
- Sos un hijo de puta, te dije si ibas a querer más y me dijiste que con cuatro estaba bien.
- Si me comí tres yo...
Se había comido cuatro.
- Te comiste cuatro. Y aparte esa es la de albahaca que me pedí yo.
- ¿Y la mía?
- ¿La qué tuya?
- La de albahaca que te dije que me pidas.
Miré alrededor. No vi LSD, marihuana, vodka, hachís, heroína, tequila, whisky, crack, peyote o ginebra. Ni un cigarrillo ni vino de caja había. Indudablemente se estaba haciendo el boludo.
- Ricardo, te comés esa empanada y te juro que te corto las orejas y te las meto por el culo así escuchás como te cago a patadas.
- ¿Eh? –no entendió. Se la hice más simple.
- Dejá esa empanada.
- No dejo una mierda.
- DEJA LA EMPANADA, CARAJO.
- La de albahaca era mía.
Respiré hondo. Me relajé. Me duró poco.
- Ricardo, la reputa que te parió, largá esa empanada. Seguí chupando el imán si tenés hambre, la de albahaca la pedí yo.
Le debe haber encontrado connotaciones sexuales a lo del imán, o algo por el estilo, porque se lo tomó a mal. Se quedó mirándome fijo un par de segundos, para después levantarse del sofá, revolear la empanada a la caja y pararse adelante de la mesa ratona. Una vena de la frente le latía. Tenía una vena, así que debía ser verdad eso de que tenía sangre.
Todo lo que sigue lo dijo de un tirón, con los ojos completamente abiertos por primera vez en su vida y escupiendo directo a mi cara restos de comida.
- ¿Sabés qué? Podrido me tenés con tus boludeces. Que estoy todo el día al pedo, que dejo el baño perdiendo, que no te use el teléfono, que te lleno el jabón de pelos, que la empanada de albahaca es tuya... ¿Quién sos? ¡¿Quién mierda te creés que sos?! ¡¿EH?! ¡¿QUIÉN?!
Partido chivo. Yo también me levanté y le contesté, frente a frente:
- La empanada es mía.
Fue lo único que se me ocurrió.

Ricardo se metió en el baño y se quedó ahí una hora y media sin hacer ningún ruido. No me preocupé porque no era la primera vez que lo hacía. Mientras tanto, yo me serví otro vaso de Coca Cola caliente, me acomodé de nuevo en el sofá y le subí el volumen a Crónica. Había una nota con un imitador de Raphael. Me pareció demasiado patético, así que volví con Franco Nero hablando en gallego.
La empanada de albahaca, ese grasoso objeto del deseo, me miraba desde el fondo de la caja vacía. Yo todavía tenía hambre, así que, sintiéndome Rockefeller a punto de regocijarse con un buffet froid en el bodegón más caro de Champs Elyseés, me limpié las manos en los pantalones, agarré la empanada con una de las servilletas tamaño foto carnet que mandaron con el pedido, la desnudé con la vista mientras la llevaba lentamente al matadero y, finalmente, le hinqué el diente.
Era de humita. No hay nada más desagradable que la humita. No hay nada más asquerosamente repugnante en todo el universo que ese vómito rancio de borracho comido y vuelto a vomitar que llaman humita.
Iba a llamar para quejarme, pero Ricardo se había llevado el imán al baño. Así que tiré la empanada a la basura y seguí con mi vida